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Quinta, 20 de Dezembro de 2007
Festival de Cine Pobre, em Cuba, convoca participantes |
Acontece de 14 a 20.04 em Gibara, em Cuba, a sexta edição do Festival Internacional del Cine Pobre, organizado pelo Instituto Cubano del Arte e Indústria Cinematográficos (ICAIC) e especialmente dedicado à um cinema “libertário, independente, íntegro, transgressor, marginal, contra a corrente e pobre” – usando as palavras da organização do evento, cujo curador é o cineasta cubano Humberto Solás.
O festival está dividido em seções, como a de projetos em andamento e roteiros inéditos, documentários, video arte e obras experimentais, mostra de novas tecnologias e homenagens. Em todos os casos (projetos analógicos ou digitais), a regra é o baixo orçamento, e para quem quiser competir, a data limite para o envio de material é 15.01.
Mais informações no site do evento: www.cubacine.cu/cinepobre. |
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Quarta, 19 de Dezembro de 2007
El cine mexicano en 2007
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Mientras, en América Latina, entre los mercados cinematográficos de portes pequeño y mediano, Colombia fue el caso que más llamó la atención en estadísticas como el aumento de películas producidas en los últimos tres años y la cantidad proporcional de espectadores para producciones nacionales, México es el país de la trinca de los grandes (al que se suman Brasil y Argentina) que obtuvo mejores resultados en el 2007.
La producción de películas mexicanas este año fue la más grande de los últimos 17 años, según informa el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), alcanzando 70 títulos (incluyéndose 20 cortos, seis documentales y dos animaciones). De ello, 59% fue financiado por el Estado, que gastó 62 millones de dólares en la parte de producción – en comparación con los poco más de 62 millones contabilizados a lo largo de seis años (de 2001 a 2006). Como resultado del estímulo, el total de espectadores creció en 5%, llegando a 170 millones, que generaron una taquilla total de casi 600 millones de dólares.
Terror a la mexicana
El título más visto, Kilómetro 31, es la tercera producción como director de Rigoberto Castañeda (Sin sentido, Necrofilia). Película de terror con efectos especiales, Kilómetro 31 es la historia de una chica que sufre un accidente en la carretera y entra en coma, ‘desde donde’ se comunica con su hermana gemela para pedirle ayuda.
¡Vea el trailer abajo y deje tus comentarios!
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Quarta, 19 de Dezembro de 2007
O cinema mexicano em 2007
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Enquanto, na América Latina, entre os mercados cinematográficos de pequeno e médio porte, a Colômbia foi o caso que mais chamou atenção em estatísticas como o aumento de películas produzidas nos últimos três anos e a quantidade relativa de espectadores para filmes nacionais, o México é o país do trio dos grandes (ao que se soma Brasil e Argentina) que obteve melhores resultados em 2007.
A produção de filmes mexicanos nesse ano foi a maior em 17 anos, segundo informa o Instituto Mexicano de Cinematografia (Imcine), chegando a 70 títulos (incluindo 20 curtas, seis documentários e duas animações). Deles, 59% foram financiados pelo Estado, que desembolsou quase 62 milhões de dólares para a produção – contra pouco mais que os mesmos 62 milhões, só que contabilizados ao longo de seis anos (de 2001 a 2006). Como resultado do estímulo, o total de espectadores cresceu em 5%, chegando a 170 milhões, que geraram uma bilheteria total de quase 600 milhões de dólares.
Terror à mexicana
O título mais visto, Kilómetro 31, é a terceira produção como diretor de Rigoberto Castañeda (Sin sentido, Necrofilia). Filme de terror com efeitos especiais, Kilómetro 31 é a história de uma garota que sofre um acidente na estrada e entra em coma, 'de onde' se comunica com sua irmã gêmea para pedir ajuda.
Veja o trailer abaixo e deixe seus comentários!
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Segunda, 17 de Dezembro de 2007
Luz silenciosa conquista Havana e os quatro finalistas latinos do Goya
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:: Luz silenciosa leva o prêmio máximo em Havana
O festival de Havana não resistiu aos méritos do já bastante premiado filme de Carlos Reygadas, Luz silenciosa, e o escolheu como vencedor de sua 29ª edição, que terminou na última sexta-feira, dia 14. Além do prêmio de melhor ficção, a produção mexicana levou melhor diretor, fotografia, som e o “Amazonia Films”, este último entregue pela distribuidora venezuelana e que corresponde também aos direitos de distribuição da obra na Venezuela.
Na mesma categoria de ficção, também saíram ganhadores O ano em que meus pais saíram de férias, do brasileiro Cao Hamburger, e El otro, do argentino Ariel Rotter. O filme cubano Madrigal, de Fernando Pérez, recebeu o prêmio especial de longa de ficção, enquanto A casa de Alice, de Chico Teixeira, ganhou por melhor obra-prima. Na categoria de documentais, saiu vencedora Camila Gúzman, com seu registro pessoal sobre a infância em Cuba nos anos 80, intitulado El telón de azúcar.
:: Goya anuncia finalistas da categoria estrangeira em espanhol
O prêmio espanhol Goya anunciou hoje os quatro finalistas que irão concorrer na categoria de melhor filme estrangeiro em língua espanhola no evento, que acontece em Madrid em fevereiro, dia 03.02.
La edad de la peseta, do cubano Pavel Giroud, Mariposa negra, do peruano Francisco Lombardi, Padre nuestro, do chileno Christopher Zalla, e XXY, da argentina Lucía Puenzo são os concorrentes. Boas produções acabaram ficando por fora da seleção, que incluía El baño del Papa, de Enrique Fernández e César Charlone (Uruguai-Brasil); Postales de Leningrado, de Mariana Rondón (Venezuela-Peru) e El colombian dream, de Felipe Aljure (Colômbia).
Foto: Elizabeth Fehr, atriz principal de Luz silenciosa. |
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Quarta, 12 de Dezembro de 2007
Em breve: filmes latinos para download
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Primeiro, veio o anúncio de Docfera, um portal especializado em documentários latino-americanos de todas épocas e autores para descarga em diferentes opções de qualidade. Agora, a notícia é o lançamento de Butaca, um site que vai se dedicar à oferta de filmes de ficção latinos e ibéricos, através do sistema Video On Demand.
A iniciativa é do portal norte-americano de conteúdo Veranda Entertainment, que quer se tornar uma nova janela de distribuição para diretores e produtores latinos interessados em aumentar o alcance de suas histórias. Ainda na etapa de adquirir direitos exclusivos de obras, o projeto inclui curtas e também documentários, além de uma parte para download de conteúdo gratuito. Estamos esperando.
Saiba mais em: www.butaca.tv. |
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Segunda, 10 de Dezembro de 2007
La renovación del cine colombiano
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A cuatro años de la creación de la ley nacional de cine, Colombia se vuelve uno de los casos más importantes dentro de la reciente renovación del cine latino. Taquillas proporcionalmente altas, presencia marcada en festivales e iniciativas importantes alrededor del ‘hacer cine’. Un caso para tener en cuenta
(Para a versão em português deste artigo, clique aqui).
Colocando al cine latinoamericano reciente en perspectiva, salta a los ojos una rápida conclusión: son dos las cinematografías que se destacan en términos de esfuerzos para impulsar la producción nacional. La primera es la de Venezuela, a través de incentivos creados en los últimos años por el gobierno de Chávez y del proteccionismo estatal, que se esfuerza en ahuyentar la sombra de Hollywood y está bastante centrado en la realización de grandes épicos de la historia del país (por lo menos, por lo visto hasta ahora). La segunda es la de Colombia, que hace cuatro años lanzó su ley de cine, más enfocada en la iniciativa privada y a los apoyos a proyectos a través de convocatorias públicas, y que ahora empieza a recoger los frutos de su inversión. El caso venezolano tendrá que quedar para un próximo análisis, y es sobre el segundo que se dedica este artículo, gracias a la experiencia de la autora, que pasó los últimos cinco meses en Colombia.
El audiovisual colombiano vive una fase de euforia en relación a su propio cine: las estadísticas de los últimos dos años indican un gran incremento de público para las producciones nacionales – que, en el 2006 superaron la taquilla de títulos hollywoodenses – y las principales ciudades colombianas ven un boom de creación de productoras que construyen su negocio alrededor de los estímulos de la ley.
Punto de partida: la Ley 814
La fase buena y de tantas expectativas tiene su punto de partida en el 2003, cuando la ley de cine fue promulgada, 10 años después del cierre de Focine, la antigua institución estatal dedicada al apoyo del cine colombiano, creada en 1978. Su fin se dio, según los testimonios colectados por este reportaje, por “mala administración”, culminando en la creación, cuatro años después, del Ministerio de Cultura y de su Dirección de Cinematografía – antes perteneciente al Ministerio de Comunicaciones.
Seis años después de creado el ministerio, la Ley 814 fue lanzada, gracias a un largo proceso bajo responsabilidad del propio ministerio y de un órgano especial creado por él, el llamado Fondo para el Desarrollo Cinematográfico Proimágenes en Movimiento. A través de ella, fueron establecidas normas para el fomento de la actividad cinematográfica en Colombia. “Con el cierre de Focine, se ha creado un vació de estímulos a la producción, que generó protestas por parte de los cineastas. El ministerio, cuando surgió, los convocó para hacer parte de una junta, de la cual participaron también agentes estatales, y discutir la creación de la ley y cómo debería ser la actuación del Estado frente al fomento del cine. Ellos propusieron la creación de la Dirección de Cinematografía y de un fondo de apoyo, y eso es lo que se hizo”, explica David Melo Torres, el director de cinematografía desde la creación del ministerio.
De casi ningún apoyo, los cineastas pasaron a contar con un dinero recaudado vía un “fondo parafiscal”, práctica ya existente en el país, a través de la cual impuestos cobrados en determinado sector son usados para reinversión en él mismo (en el caso del cine, se trata de un porcentaje de las boletas de salas comerciales y que, extrañamente, antes era destinado al fisco y no reinvertido). Otra fuente de recursos creada fue la deducción del impuesto de renta como estímulo tributario para la inversión de capitales privados en cine. Según explica Claudia Triana, directora de Proimágenes, “hicimos un análisis cuidadoso de las leyes de cine en América Latina, principalmente de Brasil y Argentina, y adecuamos sus aportes a la legislación de Colombia”. Por fin, se creó también la titularización, mecanismo visto en pocos países hasta ahora, en que una película puede ser llevada al mercado financiero para que los compradores privados o adquieran a través de acciones – que terminan por generar el apoyo necesario para que ella se concrete.
En todos los casos, el capital arrecadado es administrado por el fondo Proimágenes y distribuido a los proyectos a través de concursos públicos para largos y cortos de ficción y documentales, enfocados en las fases de desarrollo de guiones, producción y postproducción. En 70% de los casos, el apoyo se destina a la producción, considerado el eslabón más débil del sector, según las pesquisas realizadas para la creación de la ley. Los 30% restantes comprenden estímulos automáticos, como los que reciben las películas que son seleccionadas para participar en festivales internacionales, con gastos en difusión y, en pocos casos, también con distribución. “La diferencia fundamental con la ley es que el Estado ha pasado a actuar como coproductor de las películas, ya que las ayudas estatales no son reembolsables”, afirma David Melo.
Elogios versus críticas
Hasta el momento, además de los gestores de la ley, los profesionales en general parecen estar satisfechos con los avances del sector. “En nivel internacional, el cine colombiano es uno de los exponentes que tiene mejor imagen naciente, porque no sólo incluye el incentivo fiscal, sino también el hecho de que un proyecto puede ser especulado en el mercado secundario. Es un ‘plus’ que no he visto en ningún otro lugar, además de una gran atracción para todo el espectro de inversionistas”, opina Cristian Conti, uno de los profesionales que componen la banca de inversión de la recién nacida empresa Dynamo, en entrevista a la revista colombiana Kinetoscopio.
Pero está claro que la ley convive con críticas y críticos (algunas veces, férreos). La primera de ellas tiene que ver con los guiones o, en otros términos, con la calidad del material que está siendo aprobado por el ministerio para la producción de películas que, inevitablemente, se transforman en la cara del nuevo cine colombiano.
En relación a los proyectos recibidos por el Ministerio de Cultura, la elección de los ganadores es realizada según criterios de “calidad técnica y artística, además de la viabilidad financiera” por un jurado compuesto por profesionales nacionales e internacionales con carrera en el medio (entre ellos, ya participaron el crítico José Carlos Avelar, de Brasil, la productora Lila Stantic, de Argentina, y el productor Jorge Sánchez, de México). Para cada convocatoria, hay nuevos jurados, y las decisiones son finalmente evaluadas por el Consejo Nacional de las Artes y la Cultura en Cinematografía (CNACC). Para Claudia Triana, de Proimágenes: “Creo que en el cine colombiano hoy hay muchas más ganas de contar lo que sucede en el país de manera sutil. Están saliendo más historias de amor, comedias y relatos de hechos íntimos – y todas son historias, a la vez, muy colombianas”.
Ya un paso antes, entre las productoras que montan los proyectos, la sensación es que falta calidad. “A nosotros nos están llegando de 120 a 130 guiones, y buenos, buenos son muy poquitos y la gente si tú lo ves y habla con ellos, tiene todas las ganas, pero es gente que no ha tenido la escuela necesaria para lo que generalmente una productora busca”, dice el productor Rodrigo Guerrero – que, después de estudiar y trabajar en Estados Unidos, volvió a Colombia atraído por las nuevas perspectivas que se abrieron con la ley y creó Dynamo en compañía de sus socios – a la revista Kinetoscopio.
Sea por simple evaluación o por razones personales, el hecho es que algunas personas no están seguras de la eficacia de los procesos de aprobación de los proyectos y creen que los temas vencedores en los últimos años son desechables y tienen estética prestada de la televisión. “La televisión colombiana vivió un periodo fértil de reales incentivos. No hubo y todavía no hay un opuesto cinematográfico para ese proceso”, cree Jorge Villa, director especializado en televisión que, después de haber trabajo como docente en el área en la escuela de cine de San Antonio de los Baños, en Cuba, se dedica al cine, pero realizando sus propios proyectos. Profesional de larga experiencia en cine, el crítico Augusto Bernal, también responsable por la escuela de cine Black Maria en Bogotá, ve la ley como un “espejo retrovisor”, que refleja algo que ya se vio en el país. “La ley es la última etapa de un largo viaje, que en realidad empezó con el periodo de Focine. Estamos retrocediendo sobre lo que ya hemos visto: no se trata simplemente de hacer películas, es necesario socializar, profesionalizar y crear cultura audiovisual”, dice Bernal. Y reafirma: “No tenemos identidad cinematográfica. Colombia todavía no ha encontrado su lugar”.
Desde la promulgación de la ley, se estrenaron en el país 30 películas nacionales, de las cuales 24 se dieron con apoyos del Estado. Son proyectos que, según informa el Ministerio de Cultura, difieren en temáticas, calidad, estéticas y tratamientos – sin embargo, todos con “un buen desempeño en las salas”. De hecho, las dos películas recientes nacionales más taquilleras país – Soñar no cuesta nada, con casi 1,2 millones de espectadores, y Rosario Tijeras, con poco más de un millón – son historias bastante comerciales, hechas con actores de televisión, a pesar de girar alrededor de temas de la raíz histórica de Colombia – en el primer caso, la guerrilla y, en el segundo, los jóvenes sicarios de Medellín. Rosario Tijeras, coproducción con México, fue vendida para exhibición a más de 20 países, incluyendo Argentina, Dinamarca, Italia y Polonia. De todos modos, una conquista histórica para el cine colombiano.
Pero hay quien defienda, en esta lucha que en realidad se define entre lo comercial y lo comercial “pero no mucho”, que es hora de que el país cree su propia industria cultural y cuente historias comerciales sin miedo de ser feliz. “Una persona no va al cine para escuchar un discurso político”, afirma Rodrigo Guerrero, quien cree que “para nosotros, realizadores de las nuevas generaciones, el cine no es una bandera, ni un movimiento político, ni un discurso de cambio social (…), pero una cuestión de entretenimiento”.
¿Dónde quedan los documentales?
Otra queja entre parte de los realizadores colombianos es el poco apoyo financiero destinado por la ley a la producción documental. Según Luis Ospina, uno de los documentalistas más importantes del país, nacido en Cali, “mientras el monto para la producción de argumentales es de unos cuatro millones de dólares, hay solamente 120 mil dólares destinados a las convocatorias para documentales”. En octubre de 2007, Ospina estrenó su película Un tigre de papel, realizada en parte con apoyos del Estado.
En un país donde la relación con lo real es tan presente a cada día, esa parece una ecuación realmente desequilibrada, inclusive considerando la evolución, en términos de interese del público y presencia en festivales y salas de cine, que está experimentando el documental en otros países. Es lo que piensa Diego García-Moreno: “Están dando prioridad a la ficción en detrimento del documental. Eso me parece bastante errado, ya que el documental en Colombia es más que importante, es una necesidad”, opina el documentalista de Medellín, cuya más reciente producción, El corazón, fue exhibida en el festival brasileño ‘Es todo verdad’ en 2007.
La reducida atención de la ley con otros aspectos de la producción cinematográfica es otra crítica de García-Moreno. “Necesitamos también otros tipo de ayuda, en que el objetivo sea llevar el cine al público y recuperar sus ganas de ver películas. Es importante hacer cine que se vea y que cree memoria. Porque lo que se está haciendo hoy es puro entretenimiento, y lejos de la gente”.
El desafío de la distribución
Es innegable que, a cuatro años de la creación de la ley colombiana, el sector tuvo una renovación histórica en el país. Datos recientes apuntan 14% de espectadores conquistados por el mercado nacional – número más alto de los que tienen, por ejemplo, Brasil y Argentina, dos países cuya industria cinematográfica es considerada fuerte dentro de Latinoamérica. Pero… ¿Quienes están viendo esas películas?
“El problema de la distribución en Colombia es inmenso. El número de salas está alrededor de 450, un número muy bajo para un país de 40 millones de habitantes. Y están concentradas en los grandes centros urbanos: no más de 50 municipios, en un total de 1.100, tienen proyección en 35 milímetros”, revela el director de cinematografía David Melo, que, a pesar de las dificultades, ve esperanza para el sector de distribución dentro de los planes futuros del ministerio. “Estamos pensando en nuevas alternativas, con la salida digital y el combate a la piratería, que es la gran enemiga de las salas de cine convencionales en Colombia hoy”.
Otro “enemigo” sería, según Federico Mejía, de la distribuidora independiente Babilla Ciné, el acceso de las películas a las multisalas y la dramática disminución de las salas de arte y ensayo en el país. “Además de estos factores, no contamos con los recursos económicos necesario para combatir la competencia y promover las películas ‘alternativas’, sean colombianas, latinas o de otro origen. Nuestra principal esperanza termina siendo la publicación espontánea de artículos en la prensa”, cuenta.
Lo que para él, sí, es un aspecto positivo es que, en la capital, son cada vez menores los intervalos de tiempo entre los estrenos internacionales y la exhibición de estas películas en Colombia. “La oferta fue ampliada, si comparamos con 10 anos atrás. El problema continua en las ciudades intermedias, donde el acceso al cine independiente es muy limitado”, afirma Mejía, que explica que Bogotá llega a representar 75% del mercado.
¿Colombia en sus quince minutos?
Todavía es temprano para considerarlo una tendencia, pero el hecho es que algunas películas colombianas han ganado la atención de distribuidores y buenas críticas en las muestras internacionales. La misma buena onda, en otro escenario, fue lo que impulsó a Argentina en los últimos en festivales importantes, como el de Berlín. Si el buen momento dura, Colombia puede entrar en sus 15 minutos de fama.
En 2007, PVC-1, del joven director colombiano de origen greco Spiros Stathoulopoulos, llamó la atención en Cannes y se ganó varios premios, incluyéndose el Silver Alexander, en el festival de Thessaloniki, en Grecia. Otra muy buena conquista nacional es la selección de Perro come perro, de Carlos Moreno, para la principal muestra extranjera de Sundance en enero de 2008. Es la primera vez en la historia que una película colombiana es seleccionada para el evento, el principal del cine independiente en el mundo.
Ya en el ámbito de los remakes, quien puede conmemorar es el director Juan Felipe Orozco, cuya película Al final del espectro (2006) fue comprada por el productor Roy Lee (The ring 1, 2 y 3 y Dark water), de la Vertigo Entertainment, en Hollywood. Con dirección del mismo Juan Felipe, la nueva versión deberá salir en 2009 con el título provisorio Alone y Nicole Kidman de protagonista.
Y con suerte, quien sabe Satanás (foto), adaptación para el cine de la obra literaria de mismo nombre por el director Andrés Baiz, consigue un lugar en el Oscar-2008. La película, escogida para ser el candidato colombiano a la premiación, tuvo cerca de 460 mil espectadores en las salas del país y todavía no fue lanzada en DVD. No que esa una gran esperanza para aumentar sus ingresos: el mercado de home video en Colombia es casi inexistente, prácticamente limitado que está a una colección de los “mejores del cine colombiano” y dominado en 85% por los piratas.
Apagando la luz y volviendo a encenderla
Como afirma Cirro Guerra, joven realizador egresado de la Universidad Nacional de Colombia, una de las pocas en el país en ofrecer formación académica en el área de cine: “Hay un gran optimismo. La ley de cine abrió la posibilidad de hacer muchas más películas en Colombia, de promoverlas adecuadamente, y el público está respondiendo en grandes cantidades. Ahora el objetivo es mejorar la calidad”.
Su opera prima, La sombra del caminante, que se ganó 15 premios pasando por 52 festivales de 45 países, es una de las esperanzas locales de creación de un cine de potencial comercial, pero con marca de autor. Ciro, que ahora está en su segundo proyecto, titulado Los viajes del viento, cree que el cine de su país enfrenta todo tipo de problemas – “de dramaturgia, de narrativa, de legislación, de comercialización y distribución, de difusión…” – pero ya considera posible, con la nueva fase de estímulos, “tratar de hacer películas sin morirse de hambre”.
Él probablemente tiene buenas razones para no perder la esperanza – y no sólo dentro de la vena de la producción. Iniciativas alrededor del ‘hacer películas’ también han generado gran optimismo. Son ejemplos de eso el hecho de que nuevos realizadores, inclusive experimentales, exhiban sus cortos en el espacio cedido por InVitro Visual; la exposición de 110 años de cine colombiano en el Museu Nacional de Bogotá, que invita el público a conocer su historia cinematográfica; y la asociación entre distribuidoras como Babilla Ciné con la Rain, empresa brasileña especializada en tecnología para exhibición digital.
Como concluye el crítico Augusto Bernal: “¿El camino? Que el último en salir apague la luz y que el primero en llegar la vuelva a encender. No resta otra cosa que continuar. Cine es cuestión de consciencia y de formación”. El momento en Colombia es bueno y, sin lugar a dudas, ya alcanzó conquistas importantes, a pesar de lo que hay por arreglar. Que continúen y que conquisten espacio en América Latina y en el mundo.
Servicio:
* Para más datos sobre cine colombiano, visite: www.proimagenescolombia.com.
* Única revista colombiana impresa especializada en cine, Kinetoscopio: www.kinetoscopio.com.
* Festival de Cartagena, el más conocido en Colombia: www.festicinecartagena.org.
* Festival de Cine y Video de Santa Fe de Antioquia, un festival diferente: www.festicineantioquia.com.
* Más sobre la ley de cine en Colombia: Cine en Colombia – Siéntalo, entiéndalo y hágalo. Por Gonzalo Castellanos Valenzuela. Proimágenes en Movimiento, 2006.
Por Camila Moraes |
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Segunda, 10 de Dezembro de 2007
A renovação do cinema colombiano
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Quatro anos passados da criação da lei nacional de cinema, e a Colômbia se torna um dos casos de maior importância dentro da recente renovação do cinema latino. Altas bilheterias proporcionais, presença marcante em festivais e iniciativas importantes ao redor do ‘fazer cinema’. Um caso para se ter em conta
(Para la versión en español de este artículo, haz clic aquí).
Colocando o cinema latino-americano recente em perspectiva, salta aos olhos uma rápida primeira conclusão: são duas as cinematografias que andam se destacando em termos de esforços para impulsionar a produção nacional. A primeira é a da Venezuela, através dos incentivos criados nos últimos anos pelo governo de Chávez e do protecionismo estatal que se esforça em espantar a sombra de Hollywood e está bastante centrado na realização de grandes épicos da história do país (pelo menos, pelo que se viu até agora). A segunda é a da Colômbia, que há quatro anos lançou sua lei de cinema, mais voltada à iniciativa privada e aos apoios a projetos através de convocatórias públicas, e que agora começa a colher os frutos de seu investimento. O caso venezuelano terá que ficar para uma próxima análise, e é sobre o segundo caso que se dedica este artigo, pela experiência da autora, que passou os últimos cinco meses na Colômbia.
O audiovisual colombiano vive uma fase eufórica em relação ao seu próprio cinema: os números dos últimos dois anos indicam um grande aumento de público para as produções nacionais – que em 2006 superaram a bilheteria de títulos hollywoodianos – e as principais cidades colombianas assistem a um boom de criação de produtoras que constroem seu negócio ao redor dos estímulos da lei.
Ponto de partida: a Lei 814
A fase boa e de tantas expectativas tem raiz em 2003, quando a lei de cinema foi promulgada, 10 anos após o fechamento da Focine, a antiga instituição estatal dedicada a apoiar o cinema colombiano, criada em 1978. Seu fim se deu, segundo afirmam várias fontes entrevistadas para reportagem, por “má administração”, culminando na criação, quatro anos mais tarde, do Ministério de Cultura e da sua Direção de Cinematografia – antes pertencente ao Ministério de Comunicações.
Seis anos depois de criado o ministério, a Lei 814 foi lançada, graças ao um longo processo a cargo do próprio ministério e de um órgão especial criado por ele, o chamado Fondo para el Desarrollo Cinematográfico Proimágenes en Movimiento. Através de dela, foram estabelecidas normas para o fomento da atividade cinematográfica na Colômbia. “Com o fim da Focine, criou-se um vazio de estímulos à produção, que gerou protestos por parte dos cineastas. O ministério, quando surgiu, convocou-os então para compor uma junta, da qual participaram também agentes estatais, e discutir a criação da lei e como deveria ser a atuação do Estado frente ao fomento do cinema. Eles propuseram a criação da Direção de Cinematografia e de um fundo de apoio, e isso foi o que se fez”, explica David Melo Torres, diretor de cinematografia desde a criação do ministério.
De quase nenhum apoio, os cineastas passaram a contar com dinheiro arrecadado via um “fundo parafiscal”, prática já existente no país, através da qual impostos cobrados em determinado setor é usado para inversão nele mesmo (no caso do cinema, trata-se de uma porcentagem das entradas em salas comerciais e que, estranhamente, antes era destinada ao fisco e não reinvestido). Outra fonte de recursos criada foi a dedução do imposto de renda como estímulo tributário para o investimento de capitais privados em cinema. Segundo explica Claudia Triana, diretora do Proimágenes, “fizemos uma análise cuidadosa de leis de cinema na América Latina, principalmente do Brasil e da Argentina, e adequamos seus aportes à legislação da Colômbia”. Por fim, criou-se também a denominada “titularização”, mecanismo visto em poucos países até agora, em que um filme pode ser levado ao mercado financeiro para que compradores privados o adquiram através de ações – que terminam por gerar o apoio necessário para que ele se concretize.
Em todos os casos, o capital arrecadado é administrado pelo fundo Proimágenes e distribuído aos projetos através de concursos públicos para longas e curtas de ficção e documentários, focados nas fases de desenvolvimento de roteiro, produção e pós-produção. Em 70% dos casos, o apoio se destinada à produção, considerado o elo mais débil do setor, segundo as pesquisas realizadas para a criação da lei. Os outros 30% compreendem estímulos automáticos, como os que recebem filmes que são selecionados para festivais internacionais, gastos com divulgação e, em casos esparsos, também com distribuição. “A diferença fundamental com a lei é que o Estado passou a atuar como co-produtor dos filmes, já que as ajudas estatais não são reembolsáveis”, afirma David Melo.
Elogios versus críticas
Até o momento, além dos orquestradores da lei, os profissionais em geral parecem satisfeitos com os avanços do setor. “Em nível internacional, o cinema colombiano é um dos expoentes que tem melhor imagem nascente, porque não só inclui o incentivo fiscal, mas também o fato de que um projeto pode ser especulado no mercado secundário. É um ‘plus’ que não vi em nenhum outro lugar, além de uma grande atração para todo o tipo de investidores”, opina Cristian Conti, um dos profissionais que compõem a banca de investimento da recém-nascida empresa Dynamo, em entrevista à revista colombiana Kinestoscopio.
Mas é claro que a lei convive com críticas e críticos (algumas vezes, ferrenhos). A primeira delas diz respeito aos roteiros ou, em outras palavras, à qualidade do material que está sendo aprovado pelo ministério para a produção de filmes que, inevitavelmente, dão a cara do novo cinema colombiano.
Em relação aos projetos recebidos pelo Ministério de Cultura, a escolha dos ganhadores é feita segundo critérios de “qualidade técnica e artística, além de viabilidade financeira” por um júri composto por profissionais nacionais e internacionais com carreira no meio (entre eles, já participaram o crítico José Carlos Avelar, do Brasil, a produtora Lila Stantic, da Argentina, e o produtor Jorge Sánchez, do México). Para cada convocatória, há novos jurados, e as decisões são finalmente avaliadas pelo Consejo Nacional de las Artes y la Cultura en Cinematografía (CNACC). Para Claudia Triana, do Proimágenes: “Acredito que no cinema colombiano hoje há muito mais vontade de contar o que acontece no país de maneira sutil. Estão saindo mais histórias de amor, comédias e relatos íntimos – e todas são histórias, ao mesmo tempo, muito colombianas”.
Já um passo antes, entre as produtoras que montam os projetos, a sensação é de que falta qualidade. “Recebemos uns 130 roteiros até agora, dos quais pouquíssimos são realmente bons. As pessoas estão cheias de vontade, mas muitas não tiveram a escola necessária para atingir a qualidade que uma produtora busca”, diz o produtor Rodrigo Guerrero – que depois de estudar e trabalhar nos Estados Unidos, retornou à Colômbia atraído pelas novas perspectivas que se abriram com a lei e criou a Dynamo junto a parceiros – à revista Kinestocopio.
Seja por simples avaliação ou por razões pessoais, o fato é que algumas pessoas não estão seguras da eficácia dos processos de aprovação dos projetos e acreditam que os temas vencedores nos últimos anos são descartáveis e têm estética emprestada da televisão. “A televisão colombiana viveu um período fértil de reais incentivos. Não houve e ainda não há correspondente cinematográfico para esse processo”, acredita Jorge Villa, diretor especializado em televisão que, depois de ter sido professor na área na escola de San Antonio de los Baños, em Cuba, dedica-se ao cinema, porém realizando projetos próprios. Professional de longa experiência em cinema, o crítico Augusto Bernal, também responsável pela escola de cinema Black Maria em Bogotá, vê a lei como um “espelho retrovisor”, que reflete algo que já se viu no país. “A atual lei é a última etapa de uma longa viagem, que na verdade começou com o período da Focine. Estamos retrocedendo sobre o que já vimos: não se trata simplesmente de fazer filmes, é preciso socializar, profissionalizar e criar cultura audiovisual”, diz Bernal. E acrescenta: “Não temos identidade cinematográfica. A Colômbia ainda não encontrou seu lugar”.
Desde a promulgação da lei, estrearam no país 30 filmes nacionais, dos quais 24 se deram com apoios do Estado. São projetos que, segundo informa o Ministério de Cultura, diferem em temáticas, qualidade, estéticas e tratamentos – porém, todos com “um bom desempenho em salas”. De fato, os dois filmes nacionais recentes de maior bilheteria – Soñar no cuesta nada, com quase 1,2 milhões de espectadores, e Rosario Tijeras, com pouco mais de um milhão – são histórias bastante comerciais, feitas com atores de televisão, apesar de girar em torno de temas de raiz histórica na Colômbia – no primeiro caso, a guerrilha e, no segundo, os jovens sicários de Medellín. Rosario Tijeras, co-produção com o México, foi vendido para exibição a mais de vinte países, incluindo Argentina, Dinamarca, Itália e Polônia. De todas as maneiras, uma conquista histórica para o cinema colombiano.
Mas há quem defenda, nessa luta que na verdade se define entre comercial e comercial pero no mucho, que está na hora do país criar sua própria indústria cultural e contar histórias comerciais sem medo de ser feliz. “Uma pessoa não vai ao cinema para escutar discurso político”, afirma Rodrigo Guerrero, quem acredita que “para nós, realizadores das novas gerações, o cinema não é uma bandeira, nem um movimento político, nem um discurso de mudança social (...), mas uma questão de entretenimento”.
Onde ficam os documentários?
Outra queixa entre parte dos realizadores colombianos é o reduzido apoio financeiro destinado pela lei à produção documental. Segundo Luis Ospina, um dos documentaristas (que também realizou ficção) mais importantes do país, nascido em Cali, “enquanto a quantia para a produção de argumentais é de uns quatro milhões de dólares, há apenas 120 mil dólares destinados às convocatórias para documentários”. Em 2007, Ospina estreou seu filme Un tigre de papel, realizado em parte com apoios do Estado.
Em um país onde a relação com o real é tão presente a cada dia, essa parece uma equação realmente desequilibrada, inclusive considerando a evolução, em termos de interesse do público e presença em festivais e salas de cinema, que está experimentando o documentário em outros países. É o que pensa Diego García-Moreno: “Estão dando prioridade à ficção em detrimento do documentário. Isso me parece bastante errado, já que o documentário na Colômbia é mais que importante, é uma necessidade”, opina o documentarista de Medellín, cuja mais recente produção, El corazón, foi exibida no festival brasileiro 'É tudo verdade' em 2007.
A pouca atenção da lei com outros aspectos da produção cinematográfica é outra crítica de García-Moreno. “Precisamos também de outros tipos de ajuda, em que o objetivo seja levar o cinema ao público e recuperar sua vontade de ver filmes. É importante fazer cinema que se veja e que crie memória. Porque o que se está fazendo hoje é puro entretenimento. E longe das pessoas”.
O desafio da distribuição
É inegável que, a quatro anos da criação da lei, o setor teve uma renovação histórica no país. Dados recentes apontam 14% de espectadores conquistados pelo mercado nacional – número mais alto que os que têm, por exemplo, Brasil e Argentina, dois países cuja indústria cinematográfica é considerada forte dentro do sub-continente. Mas... Quem está vendo esses filmes?
“O problema da distribuição na Colômbia é imenso. O número de salas está ao redor de 450, um número pequeno para um país de 40 milhões de habitantes. E estão concentradas nos grandes centros urbanos: não mais de 50 municípios, em um total de 1.100, têm projeção em 35 milímetros”, revela o diretor de cinematografia David Melo, que, apesar das dificuldades, vê esperança para o setor de distribuição dentro dos planos futuros do ministério. “Estamos pensando em novas alternativas, como a saída digital e o combate à pirataria, que é a grande inimiga das salas de cinema convencionais na Colômbia atualmente”.
Outro "inimigo" seria, segundo Federico Mejía, da distribuidora independente Babilla Ciné, o acesso dos filmes aos multiplex e a dramática diminuição das chamadas salas de arte no país. “Além desses fatores, não contamos com os recursos econômicos necessários para combater a concorrência promover os filmes ‘alternativos’, sejam colombianos, latinos ou de outra origem. Nossa principal esperança termina sendo a publicação espontânea de artigos na imprensa”, conta.
O que para ele, sim, é um aspecto positivo, é que, na capital, são cada vez menores os intervalos de tempo entre as estréias internacionais e a exibição desses filmes na Colômbia. “A oferta foi ampliada, se comparamos com 10 anos atrás. O problema continua nas cidades intermediárias, onde o acesso ao cinema independente é muito limitado”, afirma Mejía, que explica que Bogotá chega a representar 75% do mercado.
Colômbia, a queridinha da hora?
Ainda é cedo para se considerar uma tendência, mas o fato é que alguns filmes colombianos têm ganhado atenção de distribuidores e boas críticas em mostras internacionais. A mesma buena onda, em outro cenário, foi o que impulsionou a Argentina nos últimos anos em eventos importantes, como o festival de Berlim. Se ao bom momento durar, a Colômbia pode se tornar a nova queridinha dos festivais.
Em 2007, PVC-1, do jovem diretor colombiano de origem grega Spiros Stathoulopoulos, chamou a atenção em Cannes e ganhou vários prêmios, incluindo o Silver Alexander, no festival de Thessaloniki, na Grécia. Outra ótima conquista nacional é a seleção de Perro come perro, de Carlos Moreno, para a principal mostra estrangeira de Sundance em janeiro de 2008. É a primeira vez na história que um filme colombiano é selecionado para o evento, o principal do cinema independente no mundo.
Já no âmbito dos remakes, quem pode comemorar é o diretor Juan Felipe Orozco, cujo filme Al final del espectro (2006) foi comprado pelo produtor Roy Lee (The ring 1, 2 e 3 e Dark water), da Vertigo Entertainment, em Hollywood. Com direção do mesmo Juan Felipe, a nova versão deve sair em 2009 com o título provisório Alone e Nicole Kidman no papel principal.
E com sorte, quem sabe Satanás, adaptação ao cinema da obra literária de mesmo nome pelo diretor Andrés Baiz, consegue uma vaga no Oscar-2008. O filme, eleito o candidato colombiano à premiação, teve cerca de 460 mil espectadores nas salas do país e ainda não foi lançado em DVD. Não que essa seja uma grande esperança de aumentar seus lucros: o mercado de home video na Colômbia é quase inexistente, praticamente limitado que está a uma coleção dos “melhores do cinema colombiano” e dominado em 85% pelos piratas.
Apagando e acendendo a luz
Como afirma Ciro Guerra, jovem realizador formado pela Universidade Nacional da Colômbia, uma das poucas no país a oferecer formação acadêmica na área de cinema: “Há um grande otimismo. A lei de cinema abriu a possibilidade de fazer muito mais filmes na Colômbia, de promover-los adequadamente, e o público está respondendo em grandes quantidades. Agora o objetivo é melhorar a qualidade”.
Sua obra-prima, La sombra del caminante, que ganhou 15 prêmios passando por 52 festivais de 45 países, é uma das esperanças locais de criação de um cinema de potencial comercial, mas com marca de autor. Ciro, que está agora em seu segundo projeto, intitulado Los viajes del viento, acredita que o cinema de seu país enfrenta todo tipo de problemas – “de dramaturgia, de narrativa, de legislação, de comercialização e distribuição, de difusão...” – mas já considera possível, com a nova fase de estímulos, “tratar de fazer filmes sem morrer de fome”.
Ele tem provavelmente boas razões para não perder a esperança – e não só dentro do filão da produção. Iniciativas ao redor do ‘fazer filmes’ também têm gerado grande otimismo. São exemplos disso o fato de que novos realizadores, inclusive experimentais, exibam seus curtas no espaço oferecido pela InVitro visual; a exposição de 110 anos de cinema colombiano no Museu Nacional de Bogotá, que convida o público a conhecer sua história cinematográfica; e a associação entre distribuidoras como a Babilla Ciné com a Rain, empresa brasileira especializada em tecnologia para exibição digital.
Como conclui o crítico Augusto Bernal: “O caminho? Que o último a sair apague a luz e que o primeiro a chegar volte a acender. Não resta outra coisa que continuar. Cinema é questão de consciência e de formação”. O momento na Colômbia é bom e, sem dúvida, já alcançou conquistas importantes, apesar do que há por consertar. Que continuem e que conquistem espaço na América Latina e no mundo.
Serviço:
* Para mais dados sobre cinema colombiano, visite: www.proimagenescolombia.com.
* Única revista colombiana impressa especializada em cinema, Kinetoscopio: www.kinetoscopio.com.
* Festival de Cartagena, o mais conhecido da Colômbia: www.festicinecartagena.org. * Festival de Cine y Video de Santa Fé de Antioquia, um festival diferente: www.festicineantioquia.com.
* Mais sobre a lei de cinema na Colômbia: Cine en Colombia – Siéntalo, entiéndalo y hágalo. Por Gonzalo Castellanos Valenzuela. Proimágenes en Movimiento, 2006.
Por Camila Moraes |
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Sexta, 07 de Dezembro de 2007
Red Idea em prol do cinema ibero-americano
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Além de ser tema de vários festivais, o cinema ibero-americano conta com canais de difusão, discussão e formação de espectadores, como a chamada Red Idea. Já em seu segundo encontro anual, o evento conta agora com a participação de Brasil, Costa Rica, República Dominicana e dos Estados Unidos, que se unem aos países que já eram membros (Colômbia, Chile, Argentina, Panamá, México, Porto Rico e Espanha).
O segundo foro da Rede Ibero-Americana de Desenvolvimento de Projetos Audiovisuais está acontecendo esta semana na cidade de Valência, Espanha, organizado pela Fundación para la Investigación del Audiovisual (FIA) em parceria com a Universidad Internacional Valenciana (VIU).
O objetivo é apresentar os novos sócios, além de propor a criação de uma matéria acadêmica baseada no tema “Cinema ibero-americano” nas faculdades de cinema de instituições como a Universidade Nacional da Colômbia, a UNIACC do Chile, a Universidade de São Paulo, a Universidade Sagrado Corazón de Porto Rico, a ENERC de Argentina e o Centro de Capacitação Cinematográfica do México.
Leia mais no site da FIA. |
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Quarta, 05 de Dezembro de 2007
Cinema latino reunido em Havana
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Com show de abertura do cantor argentino Fito Paez e exibição de Redacted, novo filme de Brian de Palma, foi dada a largada ontem, 04.12, à 29ª edição do Festival del Nuevo Cine Latinoamericano em Havana.
O evento, que acontece até a sexta-feira da outra semana, dia 14.12, reúne130 obras na mostra oficial, tendo o Brasil e a Argentina como países numericamente mais representativos. Um dos mais importantes da América Latina, ainda inclui outras 500 obras, entre curtas, longas, desenhos animados e documentários.
Segundo Alfredo Guevara, fundador do Instituto Cubano de Artes e Indústrias Cinematográficas (ICAIC), este ano "parece que há outra invasão de jovens criadores", já que as obras apresentadas na disputa pelo prêmio de estreante superam em número as da mostra competitiva de longas-metragens de ficção. Dentro da programação, Guevara também ressaltou a homenagem aos 40 anos do Festival de Viña del Mar, considerado um dos precursores do evento cubano por sua grande importância para o cinema do sub-continente nos anos de 1967 e 1968. Serão lembradas algumas das obras que marcaram a época como o documentário Maioria absoluta, do brasileiro Leon Hirszman, e Now, do cubano Santiago Álvarez.
Na competição principal, de longas-metragens de ficção, concorrem 20 obras de oito países: Brasil, Bolívia, Argentina, Cuba, Chile, Uruguai, Venezuela e Estados Unidos. Entre eles, se destaca a co-produção Brasil-México-Espanha-Argentina O cobrador, de Paul Leduc, com Lázaro Ramos, Peter Fonda e Milton Gonçalves, baseada em contos de Rubem Fonseca. Outro destaque é Luz silenciosa, do diretor mexicano Carlos Reygadas, que vai de candidato ao Oscar 2008 na categoria de melhor filme estrangeiro depois de ter sido ganhador do Prêmio do Júri em Cannes. Cuba concorrerá com os longas-metragens de ficção Madrigal, o polêmico filme de Fernando Pérez, Camino del Edén, um filme de época de Daniel Díaz Torres, e a comédia policial La noche de los inocentes, de Arturo Soto.
O Brasil compete com O ano em que meus pais saíram de férias, de Cao Hamburger, e Achados e perdidos, de José Joffily, entre outros. Pela primeira vez a programação inclui um espaço para o cinema fantástico e de horror na América Latina, com oito obras da Argentina e Cuba.
E mais novidade: este ano, haverá um prêmio em dinheiro, que consiste na compra dos direitos de exibição dos filmes na Venezuela. Serão US$ 30 mil para o melhor filme de ficção e US$ 25 mil para o melhor longa de cineasta estreante, além de US$ 5 mil para os diretores, segundo o diretor-geral do evento, Ivan Giroud.
Veja mais informações no site oficial do evento. |
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Terça, 04 de Dezembro de 2007
Pablo Trapero: novo filme vem aí
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Um dos jovens cineastas atuantes nos princípios da onda do novo cinema argentino, Pablo Trapero já terminou as filmagens do seu quinto longa-metragem, intitulado Leonera. O filme está sendo realizado por sua produtora, Matanza Films, e foi rodado em cinco prisões reais de Buenos Aires, em que cerca de 50 presas atuaram como extras. Em papéis protagônicos, estão as atrizes argentinas Guzman, Elli Medeiros e Lola García (foto).
Trapero estreou em longas em 1999, com Mundo grúa, rodado com atores não profissionais e em branco e preto. Seus outros filmes são El buonaerense (Do outro lado da lei, no Brasil), Família rodante e Nacido y criado. |
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Terça, 04 de Dezembro de 2007
Direitos humanos: nas telas de oito capitais brasileiras
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O que melhor que o cinema para levar informação e histórias reais de vida ao povo, sobretudo quando se trata de Direitos Humanos? Cinema é pluralidade, assim como plural é a população latino-americana, onde, por sua vez, o tema dos Direitos Humanos se faz mais presente do que nunca. Vide o Acordo Humanitário que está em plena fase de construção na Colômbia pela liberação dos seqüestrados pelas Farc, só para citarmos um exemplo.
É por isso que se torna imperdível uma olhada atenta à segunda edição da Mostra de Cinema e Direitos Humanos da América do Sul, que tem início hoje, 04.12, em oito capitais brasileiras: Brasília, Belém, Belo Horizonte, Fortaleza, Porto Alegre, Recife, Rio de Janeiro e São Paulo.
O evento tem o objetivo de celebrar os Direitos Humanos, cuja Declaração Universal da ONU cumpre nove anos em 10.12, e de democratizar o acesso à cultura através de 37 filmes (todos de entrada gratuita) produzidos por toda a América do Sul e que destacam a “diferença como riqueza da condição humana”, sem falar nos debates que visam a “enriquecer e arejar a discussão em torno das questões suscitadas pelos filmes”.
Entre os destaques da programação – sob curadoria do cineasta Giba Assis Brasil, fundador da Casa de Cinema de Porto Alegre em 1987, autor de vários longas e curtas-metragens próprios e montador da maioria de filmes de Jorge Furtado – estão: Você também pode dar um presunto legal de Sergio Muniz, filmado em 1971 e remontado somente em 2007, sobre a ação do Esquadrão da Morte na década de 60, além das principais obras do argentino Fernando Solanas (Memoria del saqueo e La diginidad de los nadies) e do filme Direitos humanos, do brasileiro Kiko Goifman.
Na manhã de ontem, segunda-feira, os organizadores do festival espalharam 300 vasos de flores em frente à Igreja da Candelária, no Rio de Janeiro, com a idéia de “cultivar os Direitos Humanos nas pessoas”. Ótimo começo: nada, além de verdadeiro, pode ser mais urgente.
Para saber mais, o site oficial do festival oferece detalhes completos sobre todos os filmes, além de uma agenda com os temas e convidados dos debates. Confira.
Por Camila Moraes
* A 2ª Mostra Cinema e Direitos Humanos na América do Sul é uma realização da Secretaria Especial dos Direitos Humanos da Presidência da República, com produção da Cinemateca Brasileira, ligada ao Ministério da Cultura, e do SESC SP. Conta ainda com o apoio do Ministério das Relações Exteriores e com patrocínio da Petrobras. |
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